2  Introducción

2.1 El campo de las ciencias sociales y su posición en el sistema científico

La distribución del financiamiento científico constituye uno de los mecanismos más relevantes mediante los cuales el Estado moldea las trayectorias de la investigación académica. En Chile, este proceso ha estado históricamente articulado en torno a los concursos de ANID —anteriormente CONICYT— y, en particular, al programa Fondecyt e Iniciativa Milenio, que desde su creación en 1982 y 1998 respectivamente, se han consolidado como las principales fuentes de financiamiento para la investigación científica en el país (Ramos-Zincke, 2021). A lo largo de cuatro décadas, ambas iniciativas han financiado más de 20.000 proyectos, operando como dispositivos reguladores que no solo distribuyen recursos, sino que también orientan las prácticas investigativas hacia determinados estándares de productividad y criterios de calidad. Comprender cómo se distribuyen estos fondos, qué instituciones los adjudican y qué factores explican esa distribución resulta, por tanto, una pregunta de primera relevancia para entender la estructura del campo científico nacional.

En las últimas décadas, las políticas de ciencia y tecnología a nivel global han transitado hacia modelos de gobernanza basados en el desempeño, donde la adjudicación de recursos depende crecientemente de métricas de impacto y productividad bibliométrica (Brunner & Labraña, 2021). En el ámbito internacional, las Ciencias Sociales y Humanidades (CSH) enfrentan desafíos particulares bajo estos modelos. A diferencia de las disciplinas STEM, las CSH poseen raíces epistemológicas que favorecen formatos de publicación diversos —como libros y capítulos— y una orientación hacia problemáticas nacionales o regionales (Nederhof, 2006). Esta naturaleza difusa y acumulativa del conocimiento social las hace menos visibles a los instrumentos convencionales de medición de impacto (Tinkler, 2008), generando tensiones que no son exclusivas de ningún sistema nacional sino transversales al campo.

En Chile, sin embargo, estas tensiones estructurales se expresan en un contexto singular de expansión y fragilidad simultáneas. En la última década, el campo de las ciencias sociales se ha densificado de manera acelerada. Entre 2017 y 2023, la oferta de programas de doctorado en el área creció un 61%, pasando de 36 a 58 programas a nivel nacional (ministerio_radiografía_2023?). Esta expansión ha sido impulsada por una política agresiva de formación de capital humano avanzado: las Ciencias Sociales concentraron históricamente el 18,6% del total de beneficiarios de Doctorado Nacional y el 58% de las becas de Magíster en el Extranjero financiadas por ANID. El resultado es una comunidad académica más numerosa, con mayor formación y producción indexada creciente —5.686 documentos en Web of Science solo en 2017, con tasas de crecimiento sostenidas durante el quinquenio— (ministerio_radiografía_2023?).

Sin embargo, este proceso de profesionalización coincide con un escenario de fragilidad financiera y política. Por un lado, persiste la interrogante sobre si el financiamiento disponible ha seguido el ritmo de crecimiento del campo. Los datos disponibles indican que el monto promedio por proyecto en Ciencias Sociales se mantuvo en torno a $117.786 millones en 2022 (ministerio_radiografía_2023?), pero no contamos con series largas que permitan evaluar si el financiamiento total al área ha crecido en términos absolutos al mismo ritmo que la demanda. Por otro lado, la participación de las Ciencias Sociales en los grandes instrumentos de investigación asociativa es marginal: de los 311 proyectos adjudicados por la Subdirección de Centros e Investigación Asociativa entre 2017 y 2022, apenas 20 correspondieron a esta área, mientras que las Humanidades y Artes no registraron ningún proyecto en todo el periodo (ministerio_radiografía_2023?). A esto se suma una creciente desconfianza política y pública hacia la utilidad de las ciencias sociales, que ha derivado en amenazas de desfinanciamiento y en la crisis de los centros de excelencia bajo el concurso CIN, poniendo en riesgo la sostenibilidad de agendas de investigación de largo aliento.

El principal esfuerzo institucional por diagnosticar esta situación ha sido la Radiografía de las Humanidades, Artes y las Ciencias Sociales elaborada por ANID (ministerio_radiografía_2023?). Si bien el informe HACS constituye una primera línea base necesaria, sus alcances resultan insuficientes para los propósitos de este estudio. Su enfoque es descriptivo y agregado, y enfrenta limitaciones metodológicas relevantes: la imposibilidad de homologar las clasificaciones educativas (CINE-F de UNESCO) con las de investigación (FORD del Manual de Frascati) restringe la comparabilidad de sus datos. Más fundamentalmente, el informe no logra desentrañar las dinámicas finas de la adjudicación ni los sesgos que operan al interior de los grupos de estudio específicos, dejando en la opacidad cómo se distribuye realmente el financiamiento dentro de una comunidad académica cada vez más competitiva y precarizada.

Es en esta brecha donde se sitúa el presente estudio. Sabemos que el campo cuenta hoy con más investigadores, más programas doctorales y una producción indexada en expansión. Sabemos también que la literatura previa indica que las universidades tradicionales concentran el 85% de los proyectos Fondecyt (Ramos-Zincke, 2021). Lo que no sabemos es si el sistema de financiamiento está absorbiendo esta presión de manera proporcional, ni qué factores —institucionales, disciplinares, de trayectoria— explican los patrones de adjudicación al interior del campo. Responder estas preguntas resulta urgente en un momento en que la expansión de las capacidades instaladas convive con la incertidumbre sobre las reglas que determinan quién investiga y sobre qué.

2.2 Mecanismos de financiamiento ANID para las ciencias sociales

El sistema de financiamiento científico en Chile se articula principalmente a través de dos instrumentos administrados por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID): el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) y la Iniciativa Científica Milenio (ICM).

Fondecyt es el principal mecanismo de apoyo a la investigación individual en Chile. Creado en 1981 mediante el DFL N°33, fue el primer fondo concursable introducido por el Estado chileno para la asignación de recursos en investigación científica básica, inaugurando una modalidad que luego se replicaría en otras áreas de la política pública. Desde su creación, ha financiado más de 16.000 proyectos en todas las áreas del conocimiento, consolidándose —según evaluaciones del BID, DIPRES y el IDRC de Canadá— como un instrumento indispensable para el desarrollo científico-tecnológico nacional. El fondo opera a través de tres líneas principales: los Proyectos Regulares, orientados a investigadores con trayectoria consolidada y con una duración de dos a cuatro años; los Proyectos de Iniciación en Investigación, dirigidos a investigadores que hayan obtenido el grado de doctor en los últimos cinco años; y los Proyectos de Postdoctorado, destinados a quienes hayan obtenido dicho grado en los últimos tres años. En todos los casos, los proyectos se desarrollan en el país y son adjudicados mediante concursos públicos y competitivos.

La Iniciativa Científica Milenio, por su parte, constituye un instrumento complementario orientado a la investigación asociativa y de frontera. Surgida en 1998 a partir de una convocatoria del gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, fue diseñada con apoyo del Banco Mundial para fortalecer las capacidades científicas nacionales mediante la conformación de grupos de investigación de excelencia. Desde 2020 es gestionada por ANID, y actualmente financia 54 centros de investigación —37 Núcleos y 17 Institutos— que abarcan un amplio rango de áreas disciplinares. A diferencia de Fondecyt, cuyo foco es la trayectoria individual del investigador, la ICM financia equipos de entre 3 y 10 investigadores que abordan preguntas situadas en la frontera del conocimiento de sus disciplinas. Su modelo se articula en torno a cuatro ejes: investigación científica de frontera, formación de jóvenes científicos, trabajo en redes formales de colaboración, y proyección hacia el medio externo. El financiamiento por proyecto alcanza aproximadamente USD 860.000 en Ciencias Naturales y Exactas y USD 430.000 en Ciencias Sociales para un período de tres años.

Ambos instrumentos operan mediante evaluación por pares, con comités de expertos que ponderan el mérito científico de las propuestas. Sin embargo, como se ha señalado en la literatura, la aplicación de criterios evaluativos diseñados originalmente para las ciencias naturales puede introducir sesgos sistemáticos en la adjudicación de proyectos en ciencias sociales, lo que hace relevante examinar con detención los patrones de distribución de recursos en este campo.

El presente estudio busca cubrir ese vacío. El Estudio de Fondos ANID en Ciencias Sociales es un proyecto dirigido por DataSOC y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile,que tiene como objetivo caracterizar los proyectos de investigación adjudicados en ciencias sociales entre 2015 y 2025, considerando grupos de estudio, instituciones adjudicatarias y tipos de instrumento de financiamiento. La investigación se organiza alrededor de dos propósitos: uno centrado en los proyectos como unidad de análisis, y un segundo orientado a la caracterización de quienes se los adjudican, con el afán de comprender en profundidad cómo se distribuye el financiamiento de las ciencias sociales en el contexto de fondos estatales y cuáles son los factores que explican esa distribución. De este modo, el proyecto no solo aporta un diagnóstico descriptivo del estado actual del financiamiento en ciencias sociales, sino que también ofrece insumos para el diseño de políticas de fomento más equitativas y pertinentes a las particularidades epistemológicas y metodológicas de estas disciplinas (Asún et al., 2019; Brunner & Labraña, 2021; Nederhof, 2006; Tinkler, 2008).

El informe se estructura en torno a las siguientes secciones: Metodología, Resultados y Conclusiones. En la metodología se presenta la información en detalle de los datos y técnicas estadísticas que se han utilizado para desarrollar la investigación. Posteriormente, el apartado de resultados contiene la totalidad de los análisis, estudiando la situación de la Facultad, así como las diferencias por carrera y por cohorte. Por último, en la conclusión se repasan los principales resultados de la investigación y se proponen lineamientos de acción para profundizar en esta agenda.

Asún, R., Yáñez-Lagos, L., Villalobos, C., & Zúñiga-Rivas, C. (2019). Cómo Investigan Las Ciencias Sociales Temas de Alta Contingencia Política. El Caso Del Movimiento Estudiantil Chileno. Cinta de Moebio. https://doi.org/http://dx.doi.org/10.4067/s0717-554x2019000200235
Brunner, J. J., & Labraña, J. (2021). La Investigación En Ciencias Sociales y Humanidades: Sus Debates e Impactos. Puntos de Referencia.
Nederhof, A. J. (2006). Bibliometric Monitoring of Research Performance in the Social Sciences and the Humanities: A Review. Scientometrics, 66(1), 81-100. https://doi.org/10.1007/s11192-006-0007-2
Ramos-Zincke, C. (2021). A Well-Behaved Population: The Chilean Scientific Researchers of the XXI Century and the International Regulation. Sociologica, 153-178 Pages. https://doi.org/10.6092/ISSN.1971-8853/10824
Tinkler, J. (2008). Maximizing the Social, Policy and Economic Impacts of Research in the Humanities and Social Sciences. LSE Public Policy Group.